Ribera del HuéznarEl "Parque Natural de Sierra Norte" ocupa una superficie de 177.484 hectáreas. En su interior se incluyen los municipios de Alanís, Almadén de la Plata, Cazalla de la Sierra, Constantina, Guadalcanal, Las Navas de la Concepción, El Pedroso, etc.
Abarca una región de Sierra Morena donde el paisaje dominante lo conforman extensas dehesas de encinas y alcornoques. Su altura media sobre el nivel del mar es de 500 metros aproximadamente.
La también denominada "Sierra Norte de Sevilla" ofrece a los amantes de la naturaleza un entorno de gran belleza paisajística que cuenta con no pocos itinerarios para realizar excursiones.
Para los más jóvenes que quieran iniciarse en el senderismo y la acampada tiene la ventaja de ser accesible por tren desde Sevilla.
Esta fue la razón, no teníamos edad para obtener el carnet, por la que dos amigos y yo decidimos pasar un fin de semana de acampada en El Pedroso.
El viaje en tren resulta muy entretenido y las vistas son estupendas. Una vez en El Pedroso caminando alcanzamos nuestro objetivo: "la Ribera del Río Hueznar", que distaba del pueblo unos cuatro kilómetros.
Establecimos nuestro campamento y disfrutamos largo rato caminando junto al río. Por la noche la temperatura cae empicado y debido a la humedad reinante la sensación de frío es intensa.
Nos acurrucamos en nuestros sacos e intentamos conciliar el sueño. El silencio sólo se sentía cortado por el chapoteo del agua del río.... y por el tic-tac, tic-tac del reloj despertador que mi amigo Capitán había tenído la ocurrencia de llevar.

El reloj era el típico despertador de esfera grande, de cuerda, color dorado con dos patitas en su base y en su parte superior dos campanas de las que arman el escándalo padre cuando son golpeadas por el martillo central. ¿Para qué diablos se había traído el despertador de su abuelo? . Con nuestros casios negros de toda la vida teníamos más que de sobra, por otra parte no teníamos interés en madrugar.
Le pedimos por favor (y en repetidas ocasiones) que interrumpiera aquel suplicio, pero no entraba en razón. Así que tic-tac, tic-tac. Serían las doce cuando en el silencio y oscuridad de la noche escuché como se abría la cremallera de la tienda, segundos después sentí el impacto metálico del puñetero despertador en el exterior, inmediatamente después cerrarse la cremallera. ¡Qué tranquilidad!¡qué paz!. Mi otro amigo había decidido acabar de raíz con el problema. Tuvimos la mala suerte que Capitán se dio cuenta de los sucedido y salió como una furia a rescatar lo que quedaba de despertador.
Como venganza nos estuvo gaseando toda la noche como si de una mofeta se tratara. ¡Qué nochecita! entre el despertador, las flautulencias (¡qué capacidad!) y el frío, no pegamos ojo en toda la noche.
Sólo ya de madrugada el cansancio venció al insomnio y el sueño se apoderó de nosotros.
Fue entonces, por fin había encontrado la postura cómoda, cuando escuché un ruido fuera de la tienda, me aproximé a la cremallera y abrí veinte centímetros. Lo justo para ver allí delante unas botas negras brillantes y un pantalón verde. Cerré la cremallera y en un susurro me dirigí a mis amigos "-fuera está la Guardia Civil-" por respuesta obtuve un sonoro pedo y el comentario "-¡no me pienso levantar, así que búscate otra excusa!-".
Han pasado al menos veinte años y mi amigo Capitán no ha cambiado nada.