martes, 21 de julio de 2009

Assen. Capítulo IV



Sábado 24 de junio.

Nos levantamos contentos pero un poco resacosos. Abandonamos Assen con muy buen sabor de boca de la jornada anterior. Buscamos la autopista A7 que une los Países Bajos con Alemania, siendo este el paso más septentrional entre ambos países. Pasamos Groningen que distaba unos escasos 20 kilómetros de la frontera. En ella nos paró un imponente control de la policía. Nos desvió a un lado de la autopista. Bajé la ventanilla, uno de los policías se dirigió a mi en alemán, le dije que no le entendía y que éramos españoles, pronto acudió un segundo policía que sí hablaba español porque veraneaba en Fuengirola. A los cinco minutos continuábamos nuestro camino sin incidencias destacables. Decidimos tomar la autopista nº31 que se dirige a Dusseldorf, con la idea de atravesar Alemania de norte a sur.

Serían las 12.00 del medio día cuando nos desviamos de la autopista para descansar un rato en la población de Lingen. Típico pueblo alemán que nos llamó mucho la atención por las razones que expondré a continuación.

Paseando por Lingen

Sólo llegar al pueblo atravesamos un pequeño puente sobre el río Ems que a su paso por la ciudad muestra unas aguas limpias en las que se divertían algunos niños abordo de sus piraguas. El pueblo estaba rodeado de bosques y prados muy verdes, la naturaleza se presenta en estado puro. Una vez en el interior del pueblo destacaba la limpieza y decoro de sus calles. Era sábado y en la plaza principal, junto a las terrazas de las cervecerías, se había acomodado un mercado ambulante en donde se vendían flores, frutas, verduras, queso, miel, pan de hogaza y muchos otros alimentos. Se aglutinaba allí un numerosísimo público. En general se apreciaba un nivel de vida muy alto. Este dato quedaba contrastado por los coches de alta gama: Porsche, Mercedes, BMW que encontramos aparcados a las puertas de las casas. Paseamos por sus calles, decoradas para la ocasión con mil banderitas de todos los países con motivo del mundial de fútbol. En las puertas y ventanas de las casas se mostraban banderas alemanas por doquier junto a maceteros atestados de flores. También en los coches que parecían de servicio oficial con sus banderines flameando sobre sus capós. Nos sentamos en una terraza a disfrutar de un magnífico día de verano, muy soleado pero con una temperatura suave que permitía la exposición directa del sol. Saboreamos unas jarras de cerveza que, a excepción de la República Checa, en ningún otro lugar del mundo sirven mejor. Hablando con el camarero, de origen hispano, nos comentó que todos los habitantes de la comarca, la mayoría personal muy cualificado, vivían directa o indirectamente de sus dos reactores nucleares. Fuente de riqueza inagotable para la ciudad. Si cerrara la central el pueblo desaparecería con toda seguridad. No se puede vivir del aire, de los brindis al sol, o de la demagogia más desfasada. Las cosas son como son.

Venta de flores en Lingen

Nos hubiera apetecido disfrutar de algo más de tiempo en Lingen pero teníamos que continuar nuestro camino hacia el sur. Tomamos de nuevo la autopista 31. Tras recorrer unos 130 Km alcanzamos el corazón industrial de Alemania, el más importante de Europa, la región del Ruhr que aglutina ciudades tan conocidas como: Duisburg, Essen, Dusseldorf, Leverkusen etc. Gran parte del PIB alemán se genera en esta rica y próspera región. Ya desde lejos observamos las gigantescas chimenas de su industria pesada, química y siderometalúrgica principalmente, ubicada en las márgenes del río. El Rin, arteria fluvial de Alemania y en definitiva su autopista hacia el mar del Norte (y también aunque parezca increíble hacia el Mar Negro a través de los canales que unen el Rin con el Danubio), es el río con más tráfico de mercancías del mundo y, como dato de interés, comentar que desde la la Convención de Mannheim de 1.868, está considerado una región de aguas internacionales.

Siguiendo el curso del río aguas arriba, esto es hacia el sur-este, circunvalamos las ciudades de Colonia y Bonn hasta alcanzar la bella población de Coblenza. Entonces nos desviamos hacia el sur-oeste por la autopista E44 siguiendo, a cierta distancia, el curso del precioso río Mosela, afluente del Rin. El Mosela remolonea entre suaves colinas sembradas de viñas en donde se elaboran los mejores vinos de Alemania, y queda flanqueado, un meandro sí y otro también, por multitud de castillos y atalayas que sirvieron siglos atrás como fortalezas que vigilaron el tráfico fluvial, acechando a sus posibles enemigos.

El paisaje, verde y boscoso, no tenía desperdicio, tampoco los deportivos que nos adelantaban y a la velocidad que lo hacían. En un punto del camino observamos una bifurcación hacia el circuito de velocidad de Nurburgring. Tentados estuvimos de ir a visitarlo.

En un determinado momento tuvimos que decidir entre dos caminos posibles hacia Lyon, por Luxemburgo o por Saarbrucken. Finalmente optamos por la ciudad fronteriza de Saarbrucken. No quisimos dejar de ver el Parque Natural de "Saar-Hunsruck. Alcanzado éste, abandonamos la autopista y por una carretera secundaria nos introducimos en aquella impresionante masa boscosa. Circulamos sin rumbo fijo hasta atravesar un pequeño pueblo de postal en donde decidimos pasar el resto del día.


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