martes, 20 de enero de 2009

Viaje a los lagos. Capítulo I

Miércoles Santo. Año 1.995.

Era Semana Santa y se anunciaba tiempo veraniego, sin embargo estaba en la biblioteca junto a un amigo preparando un exámen. Estudiar cuando sabes que todo el mundo está de vacaciones es desmoralizador. ¡Qué aburrimiento!. Desconcentrado comencé a perder el tiempo, a pensar...¡sería estupendo hacer un pequeño viaje en bicicleta!. Tanteé la situación con mi compañero. La idea le entusiasmó. La asignatura tendría que esperar la convocatoria de junio.

Salimos de la biblioteca y empezamos a dar forma al viaje. Mi amigo no tenía bicicleta pero recientemente a mi hermano le había regalado una el banco y no la utilizaba nunca. El destino no lo teníamos muy claro, era cuestión de partir y ya veríamos. Disponíamos de cuatro días dos días en un sentido y otros dos de regreso. Dormiríamos en una tienda de campaña, en cualquier sitio porque iríamos campo a través. Perfecto todo organizado. Sólo fallaba la tesorería, entre los dos sumábamos la birriosa cifra de 4.500 pesetas pero eso era lo que había.

Cogimos un autobús y nos plantamos en la casa que mis padres tenían en el término municipal de Mairena del Alcor. Allí con toda la ilusión del mundo preparamos nuestras bicicletas. Para transportar la comida, la tienda de campaña, los sacos de dormir y las herramientas, montamos el transportín de la bicicleta BH de paseo de mi hermana sobre la parte trasera de mi mountain-bike. El resultado aunque antiestético parecía sólido.

Saldríamos a primera hora de la mañana. Teníamos tiempo para tomar unas cervezas en el pueblo antes de acostarnos. Sobre nuestras monturas recorrimos los cuatro kilómetros que nos separaban de mi bar favorito. Allí nos pedimos unas jarras de cerveza mientras hablábamos entusiasmados de nuestro viaje. Del bar salimos tarde, después de gastarnos casi la mitad del presupuesto y dejar una "roncha" en la cuenta de mi hermano.

Nos levantamos resacosos, sin pensarlo dos veces partimos, sentimos un poco de frío pero rápidamente entramos en calor. Decidimos seguir una vereda que iba de Mairena del Alcor a Morón de la Frontera, siguiendo el cauce del río Guadaira, por caminos marcados por el paso de los tractores que se abrían sobre una amplísima vega. Disfrutamos de un camino sinuoso pero llano, entre olivos, palmitos y algún riachuelo que atravesar.


Camino de la vega

Tras los primeros cuarenta kilómetros sufrimos la primera avería, yo sufrí un pinchazo que solucionamos sin problemas, pero poco después mi amigo rompió el manillar, grave problema teniendo en cuenta que estábamos en Miércoles Santo. Llegamos a Morón como pudimos y allí encontramos un señor que nos soldó el manillar, la reparación costó 500 pesetas. Aprovechamos para comer y descansar un poco.

Como objetivo de la tarde establecimos Villanueva de San Juan, a una distancia de 30 kilómetros de Morón de la Frontera. El paisaje cambió por completo, la carretera ahora de montaña, se adentraba en la sierra sur de la provincia de Sevilla limítrofe con las provincias de Cádiz y Málaga. Una carretera muy bonita, poco transitada pero que nos castigaba las piernas sin piedad. En varios puntos encontramos fuentes de agua y manantiales en los que beber un agua limpia y fresca que nos sabía a gloria.

En los últimos cinco kilómetros, ahora cuesta abajo, disfrutamos del paisaje y de la vista del singular pico del "Terril" de 1.229m de altura, que aparece detrás de Villanueva.


Sierra de San Juan

Alcanzamos nuestro objetivo sobre las siete de la tarde. En la entrada del pueblo encontramos un bar con un mirador sobre el río Corbones en donde nos sirvieron unos magníficos botellines de cerveza.

Ya sólo nos quedaba encontrar un sitio adecuado para pasar la primera noche.

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